Queridos amigos:
Es difícil escribir una carta a tres personas que han perdido algo tan querido como una madre hace tan poco tiempo; la herida está abierta y por ella entran todos vuestros sentimientos y los recuerdos de toda una vida a su lado.
Pero siempre tendréis el amor que sentisteis por ella, y la imagen de su cariño nunca desaparecerá de vuestras vidas.
Hay un poema de Juan Ramón Jiménez que leo cuando me siento triste, y cuando la melancolía anida en mi corazónEl viaje definitivo... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando; 
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico...
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.
Un poema triste...., pero como casi todo lo triste tiene algo de bello que nos sobrecoge el alma y nos acerca un poco más a la bondad, porque lo único verdaderamente grande en este mundo es el amor y la bondad....lo demás siempre es adjetivo. Por eso, cuando se nos va de nuestra vida una persona a la que hemos querido mucho, nuestro corazón sufre y nuestra alma sangra dolor y llanto.
Vosotros sois espíritus puros, se os ve en vuestras miradas el dulce canto de la bondad y la suave fragancia de la sensibilidad.....sois personas afortunadas y todavía más son aquellas que os quieren y que os tienen a su lado.
No os preocupéis , vuestra madre vive...sí, vive...porque hasta que uno de los tres siga en este mundo, amándola y recordándola, vuestra madre no morirá.
Y ella, esté donde esté, os protegerá.
Seguid unidos como cuando yo tuve el privilegio de veros la triste noche de Granada, cuando vuestra madre caminaba al encuentro del Sumo Hacedor. Os vi tan cerca, vi tanto amor entre vosotros que tuve una envidia sana, una envidia de veros tan próximos, con tanto amor que era hermoso a pesar de tanta tristeza.
Antonio Machado, cuando perdió a su mujer escribió unos versos desgarradores, llenos de dolor.....

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Llorad la muerte de vuestra madre, pero tenéis toda la vida para seguir amándola y recordándola.
Cuidaros siempre y cuidad a vuestra gente.
Y recordad que sólo se apagan las estrellas cuando dejamos de mirar para su belleza y su luz.
Que Dios os bendiga a los tres.